sábado, 9 de septiembre de 2017

Dimensiones del espacio y su función

Dimensiones del espacio y su función.

Todas las diferentes dimensiones del espacio, ya sean vistas desde la ciencia física con sus actuales teorías de las cuerdas, que nos dicen que deben de existir como unas diez o más dimensiones, como desde la visión del esoterismo, la teosofía, la cábala, las religiones con sus infiernos y cielos, etc. con todo ello hay que reconocer la multiplicidad de las dimensiones del espacio. Estas dimensiones están si o si, vinculadas con nuestra conciencia, es decir que, si nuestra conciencia no tuviera la opción de concebir las dimensiones espaciales, ni podría idear, ni investigar, ni percibir, ni experimentar dichas dimensiones. Por tanto, es obvio que las diferentes dimensiones de la naturaleza existen, el planteamiento teórico sobre las dimensiones del espacio solo es apto para los físicos teóricos, mientras que las otras perspectivas pueden ser más accesibles, en el esoterismo hay mucha documentación y repertorio al respecto, pero insistimos solo mediante nuestra conciencia podríamos explorar y comprender la función de tales dimensiones.


Las explicaciones desde diferentes perspectivas sobre las dimensiones del espacio, van dirigidas a lo que es el origen y creación de nuestro universo, ¿cómo pudo y de donde surgió el universo? y ¿cómo el universo se va a disolver? Todo lo que nace, muere. Nosotros como microcosmos venimos a vivir los nacimientos y muertes de la rueda del samsara, siendo que debemos tomar conciencia de cómo se nace y se muere, de cómo se crea y se disuelve nuestra existencia, de ese modo también tomamos conciencia de lo que sucede a nivel macrocósmico.

Tomando conciencia de la creación o gestación de la existencia y de su disolución, encontraremos la función de las dimensiones del espacio, pues las dimensiones permiten que, desde lo más sutil, es decir la substancia primigenia, se vaya cristalizando y formando todo lo existente. La substancia primigenia en el esoterismo es el electromagnetismo del Éter, lo que se denomina como Akash, equivalente al tattwa, vibración o sonido. Todo surge en su sutileza desde el verbo, por ello dice el evangelio de Juan que: “en el principio fue el verbo y que por él fue todo hecho”. El electromagnetismo de hombre y mujer, se contiene en el verbo, en la palabra, esto es la vibración que se emite y se recibe como una frecuencia vibratoria, es lo que hace que el poder del verbo pueda crear. De la vibración o tattwa la substancia primordial pondrá en movimiento el aire, el halito divino, se pondrá en acción produciendo calor, de donde surgirá el fuego; de la combinación de fuego y aire, surgirá el vapor y la condensación del agua. Y del agua surgirá la vida que conocemos con el surgimiento de los elementos físicos o terrestres.


Lo más sutil se encuentra en nosotros en el chacra Sahasrara, sobre nuestras cabezas, allí está la substancia primordial del Shiva o el Espíritu Santo. Allí encontramos la dimensión espacial en su estado vacío, diáfano, puro y limpio, posteriormente viene la mente a visualizar o imaginar aquello que va a crear, es decir aquello que va a concebir, activándose el tercer ojo o chacra Ajna en el entrecejo, desde este chacra iniciamos la vibración o tatwa, que se manifestara como sonido en el chacra Visudha, en nuestra garganta, allí localizamos el akash, el sonido, la vibración electromagnética manifestándose, ahí debe conciliarse el macho y hembra, el elohim creador, el andrógino primigenio. Desde el verbo creador se activa el aire, el movimiento, la vida, que se ubica en el chacra Anahata, en nuestro corazón. Siguiendo el proceso de cristalización o materialización en el chacra Manipura, bajo el ombligo con el elemnto fuego, siguiendo el proceso en el chacra Svadhistana en nuestros órganos sexuales, con el elemento agua, para concluir la formación física o terrestre con el chacra Muladhara y su elemto tierra.


Entre el vacío existencial del chacra Sahasrara y la materialización del chacra Muladhara, se encuentran todas las dimensiones del espacio. Nuestra existencia recorre de arriba hacia abajo por nuestra columna vertebral todo este camino o proceso cuando nace, cuando viene a la existencia, y de regreso cuando se produce la disolución o muerte, volvemos a recorrer el mismo camino, pero a la inversa, subimos desde el chacra Muladhara, desde lo material o terrestre, hasta el chacra Sahasrara en el espacio insondable del espíritu y su vacío. Se supone que en nuestra rueda del samsara donde venimos a nacer y morir miles de veces, debemos de tomar conciencia de nuestra creación y destrucción, de nuestro surgir y de nuestra disolución. También se dice que en nuestro dormir y despertar diario venimos a vivir una pequeña muerte y un resurgir; toda la experiencia que se produce en el macrocosmos se produce igualmente en nosotros, tal como es arriba es abajo y viceversa, por tanto nosotros mismos somos el mejor laboratorio para experimentar la creación y su disolución.

Todas las dimensiones del espacio, son una única dimensión, que se percibe en nuestra misma experiencia, aunque nuestra inconciencia o ignorancia, no entienda ni comprenda el proceso, ya que por un lado nuca nos hemos preocupado al respecto; pero si ahora nos interesa conocer este misterio, sencillamente hay que dedicarse a observar nuestra realidad, y a comprobar lo que las tradiciones, en este caso hemos citado la tradición de oriente con su raja-yoga y kundalini-yoga, nos dicen al respecto.

En la tradición de la cábala, vemos como existen diez emanaciones, que explican todo el proceso de creación, que luego se recorrerá inversamente en su disolución; también las diez emanaciones se unifican en la totalidad o unida del Ser, todo se experimenta en nuestro Ser y es por medio de la autoconciencia, que podremos experimentar, percibir o vivenciar la misma realidad una, del Ser. De hecho, existe una correlación entre las emanaciones del Ser en el árbol de la vida y los chacras (Muladhara-Malkut, Svadhistana- Yesod, Manipura- Hod y Netzah, Anahata- Tipheret, Visudha- Geburah y Chesed, Ajna- Binah y Chonah, Sahasrara- Keter). Pero lo importante no es hallar una correlación exacta entre perspectivas de diferentes tradiciones, lo importante es vivir y experimentar en nosotros mismos, lo que a nosotros mismos nos sucede, es así de sencillo, lo único que requiere esta vivencia es dedicación, trabajo en investigarnos, en conocernos, en ver nuestra vida y nuestro Ser. 

Tengamos presente que todas las dimensiones espaciales que conceptualizamos, en nuestras teorías, creencias o tradiciones, viene a disolverse, cuando nuestra misma conciencia se diluye entre sus elementos y emanaciones, para quedarse suspendida en un vacío existencial donde solo la conciencia propia del Ser, queda. Este es un estado donde solo la luz puede reconocerse a sí misma, sin reflejos, sin imágenes, sin proyecciones o creaciones; solo la luz del Ser debe bastarse para reconocerse, entonces se descubre en verdad el espacio abstracto absoluto, ilimitado, infinito, insondable, ahí todo es Uno indivisible. La verdad en toda su dimensión se muestra en la luz increada del espacio abstracto absoluto, entonces veremos la vida tal cual es, sin proyecciones subjetivas, ni creencias sin comprobar, ni especulaciones posibles.


Esperando que cada uno de ustedes pueda ser plenamente consciente de sus vidas y de su espacio, seguiremos aportando nuestras reflexiones.

Atentamente:

Rafael Pavía.                                           9/9/2017.






  

jueves, 7 de septiembre de 2017

Más allá de los dioses

Más allá de los dioses.

En la antigüedad y en diferentes culturas se asumía y se asume el hecho de que los mismos dioses podían encarnarse en este mundo, para los antiguos egipcios no solo el faraón era un dios encarnado sobre la tierra, al faraón se le podía considerar la encarnación del propio Horus, o de su Padre Osiris, pero también se encarnaban dioses como Anubis y diferentes jerarcas de la justicia, también se encarnaban dioses como Hermes, Isis, Nut, Hadit, etc., los dioses usaban sus vestiduras y máscaras para sus rituales, entonces el Dios Anubis se ponía su máscara de chacal para hacer sus oficios. En el budismo también se encarnan dioses, el Dalai Lama actual es la encarnación del Buda Avalokitesvara, pero son muchos los lamas que fueron encarnaciones de diferentes Budas o dioses, como Manjuri, Amitaba, Heruka, Tara, etc. Así en muchas otras culturas las divinidades venían a encarnarse sobre la tierra, en la india diferentes gurús han sido considerados encarnaciones de Visnú, etc.


La relación que los hombres establecen con las divinidades pueden variar, por ejemplo, los griegos asumían que sus héroes eran hijos de los propios dioses, mientras que en el cristianismo se nos ha inculcado que solo existe un hijo de Dios y este fue Jesucristo, siendo un sacrilegio pensar que pueda haber otros hijos de Dios. Bueno en el cristianismo se nos considera a todos hijos de Dios, pero porque somos sus criaturas, es decir hemos sido creados por Dios, pero ser la encarnación del hijo de Dios es una potestad única de Jesucristo; para los judíos el que Jesús asumiera ser hijo de Dios fue el mayor de los sacrilegios. Sin embargo, los gnósticos consideran que el hijo de Dios, Cristo puede encarnar en todo aquel que se prepare espiritualmente. Por tanto, vemos que hay diferentes modelos entre las diferentes culturas sobre la relación de los humanos con los dioses, por lo que las consideraciones sobre lo divino o la deidad son diferentes, cambia mucho el politeísmo al monoteísmo: En el monoteísmo la figura de un único dios se hace todo poderosa, como un supremo dictador entre los humanos y su ley es fuerte e inquebrantable; mientras que en el politeísmo la divinidad es más humana, más cercana a lo terrenal, por lo que su ley es más tolerante, pues en sus dictámenes pueden intervenir diferentes perspectivas, de los diferentes dioses y sus atributos.


Por tanto, nos debemos preguntar ¿qué relación tenemos o hemos creado con lo divino? ¿en qué medida somos conscientes de nuestra realidad humana y divina? Podríamos aceptar un monoteísmo politeísta, es decir un Dios todo poderoso con un sequito de divinidades subordinados y jerarquizados al Dios único. Quizás estos planteamientos se nos hagan complejos y difíciles, pero en ello esta la razón de nuestras vidas, en la vinculación, concepción y relación que establecemos entre lo divino y lo humano, pues en ello esta nuestra opción de Ser. ¿qué somos? ¿de dónde venimos? ¿hacia dónde vamos? Estas preguntas se vinculan a todo lo comentado, pues ¿cuál es la naturaleza de nuestro Ser? no es acaso humana y divina. En nuestro Ser esta todo contenido, en nuestro Ser esta la totalidad de todo lo existente, de todo lo manifestado, de todo lo creado, podemos preguntar ahora ¿cuál es el origen de los dioses? ¿de donde surgieron? ¿cómo se crearon los dioses? Y si nos referimos a un dios único ¿cómo surgió? ¿cómo es? ¿con que finalidad nos creó? ¿podemos incluir al dios único en nuestro Ser? la repuesta a la última pregunta es Si, pues si no se pudiera incluir al dios único en nuestro Ser, no podríamos ni concebirlo, ni imaginar, ni percibirlo. Todo absolutamente todo está incluido en nuestro Ser, de no ser así, no tendríamos opciones de concebir la creación, ni lo divino, ni lo humano. Por tanto, en nuestra autorrealización intima del Ser, es imprescindible comprender ¿qué somos? Y como nos relacionamos con todo lo que nos rodea, pero lo principal es relacionarnos consigo mismos, pues es el único modo de conocer nuestra realidad, y reconocer que es lo que realmente sabemos y lo que realmente desconocemos. ¿hay algo más allá de los dioses o de dios? La respuesta es Sí, para los teósofos es la Seidad*, para los hindúes es Sat, para los egipcios Nu, de donde surge Tum, para los gnósticos es el Agnostos Theos.


En nuestro Ser, se encuentra todo y en los orígenes del Ser encontramos lo innato, lo eterno, lo no nacido, la luz increada que siempre fue. En Nuestro Ser encontramos la unidad no dual, es decir la unidad que lo incluye todo y nada divide, ni separa o excluye. El Ser asume todo lo inmanifestado y lo manifestado, comprendiendo que toda creación o manifestación ya sea divina o humana, surge de su propia naturaleza o realidad. Nada se le puede escapar al Ser porque todo lo incluye, así incluye: lo perfecto y lo imperfecto, lo eterno y lo temporal, la virtud y el pecado, la sabiduría y la ignorancia, el equilibrio y el caos. Todo lo incluimos en la escalera maravillosa del Ser y sus diferentes niveles; en el Ser incluimos el amor y la sabiduría y con ello debemos asumir nuestra ignorancia y nuestra falta de compasión, pues el Ser todo lo incluye. Por ello es importante observar cómo nos relacionamos consigo mismos, que capacidad tenemos de recordar lo que somos, esto es la capacidad del recuerdo de sí mismos. Con ello aprenderemos a ver lo divino y lo humano, aprenderemos a ver quién es Dios o los dioses, aprenderemos a ver al hijo de Dios. Y con ello aprenderemos a ver cómo nace, como vive, como muere y como resucita el hijo de Dios, ya que todo se encuentra en nuestro Ser.


En el Ser podemos encontrar nuestros demonios y nuestros dioses, podemos encontrar al diablo y a Dios, así podemos sentir miedo por el diablo y ese miedo es algo que nosotros hemos forjado, creado y sustentado; podemos sentir temor de Dios, ese temor puede verse como respeto ante su grandeza, o como un temor ignorante por el miedo a los castigos que Dios todo poderoso nos puede infligir, una cosa y otra la concebimos, creamos y sustentamos nosotros mismos, por ello es imprescindible el recuerdo de sí mismo. En este recuerdo de sí mismos, deberemos realizar una revalorización continua del Ser, en tal revalorización debemos descubrir que es lo que sabemos y que es lo que ignoramos sobre nosotros mismos, sobre nuestro Ser, sobre nuestra capacidad de Ser y saber.

En nuestro Ser encontraremos todo lo que consideramos externo e interno, en él encontraremos lo que consideramos macrocósmico y microscósmico, en el Ser esta lo de arriba y lo de abajo, en el Ser esta el cosmos y el caos. Siendo lo trascendental del Ser y su autodescubrimiento regresar a sus orígenes al Ser de Ser, a lo que siempre fue, es y será. Más allá de los dioses encontramos al Ser innato y su gnosis perene.



Atentamente:

Rafael Pavía.                                          7/9/ 2017.


*Seidad: (Be-ness, en inglés) Término inventado por los teósofos para expresar de una manera más exacta el significado esencial de la intraducible palabra Sat. Esta última voz [sánscrita] no significa "Ser", porque presupone un sentimiento o alguna conciencia de existencia. Pero como el término Sat se aplica únicamente al Principio absoluto, a la Presencia universal, desconocida y siempre incognoscible que el panteísmo filosófico postula en el Kosmos, denominándolo base radical del Kosmos y el Kosmos mismo, la palabra "Ser" no era adecuada para expresarlo. En efecto, la voz Sat no es siquiera la "Entidad incomprensible", como traducen algunos orientalistas, puesto que no es una Entidad ni tampoco una no-Entidad, sino ambas cosas a la vez. Es, segun se ha dicho, absoluta Seidad, no Ser; el Todo único, sin segundo, indiviso e indivisible; la Raíz de la Naturaleza visible e invisible, objetiva y subjetiva, que ha de percibirse por medio de la más elevada intuición espiritual, pero que jamás debe ser plenamente comprendida.



viernes, 25 de agosto de 2017

Cristo es vacío

Cristo es vacío.

El Cristo es vacío, es decir no tiene ego, es puro, sin mancha, sin ayer, no está sometido al tiempo. Es el Cristo compasivo hasta la infinitud, si alguna vez el Cristo muestra su justicia y severidad es para guiarnos en la sabiduría, que ha de llevarnos a su seno de infinita misericordia. 


Cristo es la presencia imperturbable que sostiene el inmenso universo, su condición y naturaleza no está condicionada por el ego, por ningún “yo” o autolimitación. El Cristo es el salvador, aquel que nos libra de la ignorancia y conoce la verdad, por ello el Cristo es nuestra luz, nuestra conciencia despierta e iluminada que viene a salvarnos. El Cristo vive y padece nuestra condición personal:

<El Cristo intimo surge interiormente en el trabajo relacionado con la disolución del Yo Psicológico.

Obviamente El Cristo interior solo adviene en el momento cumbre de nuestros esfuerzos intencionales y padecimientos voluntarios.

El advenimiento del fuego Crístico es el evento más importante de nuestra propia vida.

El Cristo intimo se hace entonces cargo de todos nuestros procesos mentales, emocionales, motores, instintivos y sexuales.

Incuestionablemente El Cristo intimo es nuestro salvador interior profundo.

Él siendo perfecto al meterse en nosotros parecería como imperfecto; siendo casto parecería cómo si no lo fuese, siendo justo parecería cómo si no lo fuese.

Esto es semejante a los distintos reflejos de la luz. Si usa anteojos azules todo nos parecerá azul y si los usamos de color rojo veremos todas las cosas de este color.

Él aunque sea blanco, visto desde afuera cada cual le verá a través del cristal psicológico con que se le mira; por eso es que las gentes viéndole, no le ven.

Al hacerse cargo de todos nuestros procesos psicológicos, el Señor de perfección sufre lo indecible.

Convertido en hombre entre los hombres, ha de pasar por muchas pruebas y soportar tentaciones indecibles.

La tentación es fuego, el triunfo sobre la tentación es Luz.

El iniciado debe aprender a vivir peligrosamente; así́ está escrito; esto lo saben los Alquimistas>.

El iniciado debe recorrer con firmeza la Senda del Filo de la navaja; a uno y otro lado del difícil camino existen abismos espantosos.

En la difícil senda de la disolución del Ego existen complejos caminos que tienen su raíz precisamente en el camino real.

      La Gran Rebelión, el trabajo cristico. Samael Aun Weor.


El Cristo es la luz que baja a las tinieblas para iluminarnos y sufre, no porque se siente ego o es ego, sino por compasión, sufre por nuestra ignorancia, sufre porque no somos capaces de reconocerle, de descubrirlo. Mientras nuestro ego nos limita, nos condiciona, nos sujeta al ayer o a lo temporal, mientras el ego nos somete a una parcela particular que consideramos propia, el Cristo nos abre a todo el espacio, al inmenso universo cósmico. El Cristo es el presente, es la presencia siempre presente en lo eterno. 


El Cristo sufre todo un calvario para poder ser reconocido, pues pocos están dispuestos a abrirse a su luz incondicional. Él no huye del sufrimiento, se enfrenta al sufrimiento y lo disuelve, reconociendo que el sufrimiento es una construcción de nuestro ego, siendo que el ego está sujeto al tiempo siempre quiere arrastrar sus deudas, su karma, su sufrimiento; mientras que el Cristo nos alivia y descarga del sufrimiento cuando nos hace ver y comprender que todo el ego y su sufrimiento y karma es una construcción temporal, pasajera y que se sostiene, por simple identificación con nuestro ego. Pero tal percepción de Cristo nos deja en una espacio vacío ¿dónde estoy y quien soy sin mi ayer? Nos dice el ego. Por ello el ego huye de Cristo, porque Cristo es vacío, es un espacio puro, diáfano, sin lastres de ego, ni del ayer. El Cristo no tiene identidad personal, ni tiene propiedades, es por ello vacío, sin residuos.
La mente Cristo es diáfana, pura, sin mancha, siempre espontanea, abierta al presente, ilimitada, sin restricciones, sin posesiones, sin méritos, sin personalismos; por tanto, la mente Cristo es vacía, pues reconoce que todo lo creado y construido es temporal, por tanto, el mismo tiempo lo destruirá. El Cristo es impermanente, porque nada permanece en Él, salvo Él mismo, por tanto, es la permanencia presente e inmutable, eterna.


La mente Cristo lo abarca todo desde el principio hasta el final, pues Cristo es Alfa y Omega; siendo Cristo la vida, surge de Él todo el universo y nosotros con Él; pero lamentablemente nos inventamos una historia personal, un ego al que aferrarnos y con ello generamos nuestro karma, solo con la idea de ser alguien, de sentirse diferente a los demás, de ser partícipes de algo y poseer algo con lo que nos identifiquen los demás. Buscamos que nuestra historia personal y nuestro ego sea una propiedad donde identificarnos y situarnos. Pero el Cristo es vacío, no tiene ego, no tiene propiedades, ni historias personales, ni ayer, Cristo es vacío.

Cuando Cristo se presenta nos pide que lo abandonemos todo, absolutamente todo, pues Él es vacío. Abandonarlo todo significa todo, es decir no solo lo material: casa, coches, familia, trabajo, etc. el abandono es desapego, renuncia, no identificación con las cosas materiales de la vida ordinaria. Pero cuando se pide abandonar todo es todo, es decir también nuestro mismo “yo” o ego, es decir lo que pensamos, lo que sentimos, nuestras propias emociones mundanas, nuestros hábitos, costumbres, etc. abandonar lo material es un inicio en el camino de Cristo, resultando mucho más duro y complicado abandonar nuestro “yo”, pues eso significa abandonar nuestra historia personal, abandonar nuestro ayer; renunciar a lo que pensamos, a lo que sentimos, etc., incluso tenemos que abandonar la idea que tenemos de Cristo, pues Cristo no puede ser una idea o un pensamiento o una creencia. Cristo trasciende todos nuestros pensamientos, creencias, emociones, sentimientos, pues Él está siempre vacío aun en medio de las tinieblas. Cristo no huye de las tinieblas ni del caos, pero si lamenta que no lo reconozcamos, que no sepamos ponernos de su parte, que no seamos capaces de renunciar y abandonar nuestro ego ordinario, para Ser y estar en Él. 



Atentamente:

Rafael Pavía.                                                              25/08/2017.